LOS ANTECEDENTES
El llamado castillo de Berga ocupa el promontorio donde posiblemente en el siglo segundo antes de Cristo se encontraba el castrum vergium ibero, citado por los cronistas romanos. En la edad media la ciudad crece al pie del castillo, donde se levantaba la antigua iglesia parroquial, destruida con motivo de las guerras de vecindad con Francia (1672-1679). Trasladada la parroquial a la Plaza de Sant Pere de Berga, el edificio de la iglesia del castillo se convertirá en cuartel. Entre los siglos XVII y XVIII el antiguo castillo medieval es remodelado íntegramente y transformado en una fortificación abaluartada irregular, el actual Castillo de San Fernando. Así, Berga figura entre las veinte fortalezas y plazas fuertes ilustradas en el mapa de Cataluña de Ambrosio Borsano, del año 1687.
Tras jugar un significativo papel durante las guerras carlistas, hacia el cambio de siglo la fortaleza se encuentra en un estado de total abandono y a causa del nulo interés para la defensa, el ejército español en el año 1925 la vende al Ayuntamiento de Berga, el cual en el año 1945 la revende al empresario italiano Mario Mesaggi para erigir un hotel. La construcción del Mesón Castillo de San Fernando supondrá una alteración profunda de la edificación militar (por ejemplo con el añadido de almenas a las cortinas), la práctica destrucción del baluarte del Diablo, y también daños irreparables al yacimiento arqueológico (a causa de la construcción de una piscina hundida en el subsuelo de la antigua iglesia medieval).
Durante los años cincuenta y sesenta el castillo se convertirá en un popular centro de veraneo donde se alojarán personalidades como Orson Welles, durante el rodaje de Chimes at Midnight (1965). Cerrado el hotel, y convertidos los antiguos bungalows de éste en el actual barrio del castell, el Consell Comarcal del Berguedà adquiere en el año 1988 el edificio principal del Mesón y la mayor parte de las cortinas y baluartes de la antigua fortificación. En 1985 el castillo y la torre de la sierra de la Petita son declaradas bien cultural de interés nacional. En el año 2005 el derribo del edificio del hotel, construido en medio del camino cubierto y apoyado en la muralla, permite que la fortaleza recupere en buena medida el aspecto original y abre la posibilidad de plantear una verdadera rehabilitación. Por otro lado, en el año 2006 el Ayuntamiento de Berga adquiere la torre de la Petita, construida en el año 1836 por los carlistas sobre una fortificación del siglo XVIII anexa a la fortaleza de Berga.
LAS FORTIFICACIONES DE BERGA
De los mapas conservados se desprende que el antiguo castillo medieval fue sometido a sucesivas remodelaciones entre los siglos XVII y XVIII. Por último, la fortaleza experimentará nuevas modificaciones con motivo de las guerras carlistas. El mapa de Ambrosio Borsano demuestra que en 1687 ya se habían construido sus seis baluartes (Puerta, Iglesia, Diablo, Lengua de Sierpe, Molinos y San Juan), el caballero y el bonete. En la cima de la fortaleza se hallaba el patio de armas y varias edificaciones, entre las cuales la antigua iglesia parroquial (de grandes dimensiones) convertida en cuartel. Posteriormente se completa el camino cubierto, con la construcción de un baluarte y una plaza de armas. El camino cubierto y la conexión del castillo con el bonete se protegen mediante traveses. Por último se amplia el baluarte de <?XML:NAMESPACE PREFIX = ST1 />la Lengua de Sierpe, que adopta la forma actual, y se construye el revellín. Todas estas actuaciones se acometen en el curso del siglo XVIII. Las últimas modificaciones, ya en el siglo XIX, son obra de los carlistas y consisten sobre todo en la construcción de traveses en el camino cubierto y de muros aspillerados.
La fortaleza formaba parte de un complejo sistema polidefensivo. Este incluía el bonete y dos torres: la de Fumanya o de Metge y la del Mercadal o de San Andrés. Además, un sencillo reducto o “apostadero” coronaba la sierra de la Petita, donde posteriormente los carlistas levantarían la torre homónima. Por último, la muralla medieval se reforzaría ya en el siglo XVIII con el baluarte de San Carlos. Estos elementos complementarios eran necesarios para corregir las deficiencias inherentes a la ubicación de la fortaleza en la cima de la sierra de Berga: una deficiente cobertura visual de los caminos procedentes de Francia (el camino real de Bagà y el camino real de la Seu d’Urgell) y una situación expuesta al tiro enemigo procedente, sobre todo, de la sierra de Fumanya (este hecho obligó a levantar la altura de las troneras del baluarte de San Juan debiendo renunciar a las banquetas).
A la vez, la fortaleza estaba unida a la muralla medieval que rodeaba la villa mediante sendos muros que unían el baluarte de San Juan con la puerta de Pinsania y el bonete con el portal de Santa Magdalena. El acceso se realizaba desde el interior del recinto urbano. El camino más antiguo, de origen medieval, sería el que sube desde la iglesia de la Piedad. Posteriormente se construiría la Subida del Castillo, con un perfil más suave, posiblemente para facilitar el transporte a la fortaleza de piezas de artillería montadas en cureñas.
HISTORIAL BÉLICO
En el transcurso de los siglos XVII, XVIII y XlX Berga es protagonista de distintos hechos de armas y asedios. En 1655 durante la guerra de los Segadores los franceses hicieron explotar una mina, que destruye la iglesia parroquial del antiguo castillo. En julio de 1713 la milicia bergadana felipista, llamada la coronela, asedia la guarnición austriacista de la fortaleza que se rinde al cabo de seis días. El último sitio de importancia tiene lugar con motivo del ataque carlista a la villa dirigido por el general Savalls en julio de 1873.
Los cronistas hablan en numerosas ocasiones de la destrucción de las fortificaciones de Berga cuando relatan los acontecimientos bélicos que sufre la ciudad entre 1654 y 1876. Todo hace pensar que estos exageran, ya que del análisis de la abundante planimetría existente de las mismas, desde el siglo XVII, de la documentación fotográfica del último cuarto del siglo XIX y principios del XX, y de los mismos elementos conservados en la actualidad, se desprende que las supuestas destrucciones fueron meramente puntuales y menores, ya que la fortaleza al principio del siglo XX conservaba las cortinas y los baluartes documentados desde los siglos XVII y XVIII. En realidad, el pequeño baluarte plano de los Molinos es el único elemento estructural totalmente desaparecido. Sin embargo, ya las fotos más antiguas del castillo muestran que sólo el baluarte de San Juan y la Lengua de Sierpe conservaban las troneras.
EL CASTILLO HOY
Desde el año 1985, la desaparición progresiva de los añadidos realizados al monumento por el propietario del Mesón del Castillo ha devuelto a la fortaleza buena parte de su fisonomía original, si bien ésta precisa de una urgente actuación de rehabilitación. Se conservan todas las cortinas principales y el camino de ronda, con su baluarte. Los baluartes del revellín, de la Lengua de Sierpe, de la Iglesia (un magnífico ejemplo de baluarte plano) y de la Puerta se conservan en buen estado aunque este último soporta una estructura añadida que desfigura su fisonomía original. El baluarte de San Juan, desgraciadamente, cedió hacia 1990 y sólo la mitad del edificio continua en pie. Del baluarte del Diablo sólo subsiste la base.
Ya antes de construirse el hotel se habían desmantelado todas las garitas, troneras, traveses carlistas y galerías aspilleradas (que, no obstante, subsistían a principios del siglo XX). Quedan tan solo dos aspilleras. A raíz de la construcción del hotel los baluartes de la Iglesia y de la Lengua de Sierpe se remataron con unas anacrónicas almenas que todavía hoy desvirtúan la imagen de la fortaleza. La cortina que une el baluarte de la Iglesia y el baluarte de la Lengua de Sierpe no es obrada sino que aprovecha una espectacular pared vertical de roca natural, que ya debía formar parte del castillo medieval y que presenta orificios y excavaciones que apuntan a antiguas estructuras adosadas de madera.
En la cima del castillo se encuentra el patio de armas pero de los edificios que lo ocupaban solo queda una sección del muro de la antigua iglesia y el baluarte vacío del caballero – antes prisión – transformado en iglesia por el propietario del hotel. Desde el patio de armas se accede al polvorín situado en el interior del baluarte de la Lengua de Sierpe, que puede visitarse. Éste fue excavado a mediados de los ochenta (recuperándose algunas balas de cañón). También se conserva el bonete, pero este permanece inaccesible, separado del resto de la fortaleza por los chalets que integran el barrio del castillo.
Otros elementos de interés son los dos caminos de acceso al castillo desde la villa, que conservan parte del empedrado original y la sencilla puerta de entrada a la fortaleza.
De las fortificaciones de Berga se puede ver aún el muro que unía la fortaleza con la villa en la puerta de Pinsania por el camino del Trenca-cames. Subsiste el Portal de Santa Magdalena y la muralla que lo une con el baluarte de San Carlos, también conservado. El Plan de Mejora Urbana del barrio antiguo prevé la cesión del baluarte de San Carlos y de la muralla como zona verde posibilitando así su rehabilitación y visita.
De las torres que completaban el sistema polidefensivo se conserva la base, muy deteriorada, de la torre del Mercadal y la torre carlista de la sierra de la Petita (todavía en buen estado de conservación), así como buena parte del “apostadero” anterior donde fue construida. La torre de la Petita, recientemente adquirida por el Ayuntamiento de Berga, merece una excursión a la sierra si bien el edificio permanece cerrado por razones de seguridad y actualmente no se puede visitar.
El Plan de Ordenación Urbanística Municipal de Berga, aprobado en 2005, prevé la elaboración de un Plan de Mejora Urbana del Castillo de San Fernando y del su entorno inmediato con el objetivo de ordenar las infraestructuras, los usos y las edificaciones existentes y con la finalidad de establecer mecanismos que favorezcan el uso público del recinto.
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Información provisional e imágenes facilitadas por D. Xavier Campillo Besses